02 DE JULIO
SALMO 27:4
«Una sola cosa le pido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo» (SAL. 27:4).

Quizás piensas que este salmo tiene una connotación de guerra y puedes caer en el peligro de pensar: «¡Qué gran bendición fue para David! ¡Qué grandes victorias! Pero yo no soy rey, ni tengo ejércitos que estén acampando alrededor de mí para comenzar una guerra».

Este salmo es relevante hoy, pues los creyentes en Cristo libramos una lucha espiritual todos los días. La aflicción y la tribulación son situaciones cotidianas en medio de un mundo afectado por el pecado. Todos tenemos días de aflicción, incluso temporadas de aflicción que parecen estacionarse en nuestra vida, pero no debemos olvidar que esta guerra espiritual ya tiene un vencedor. Por el sacrificio de Cristo en la cruz y Su resurrección, Él ha triunfado sobre todos nuestros enemigos y los ha exhibido públicamente.

Al parecer, David solo tuvo una resolución y, esta fue maravillosa y sobrenatural a la luz de las circunstancias negativas que estaba enfrentando en su vida. A pesar de este panorama desalentador y aterrador, el salmista deja de contemplar por un momento su circunstancia personal para enfocarse en una necesidad mayor: contemplar la hermosura de su Señor y meditar a sus pies.

¿Qué le pedirías a Dios si estuvieras sufriendo, atribulado y angustiado? ¿Pedirías que se resolviera tu situación o pedirías más de Su presencia y que Su Palabra protegiera la fe y la confianza en sus promesas?

En lugar de desilusionarnos ante las dificultades y hundirnos en la desesperanza, en lugar de rendirnos, debemos esforzarnos en la gracia que es en Cristo Jesús para ir en busca de esta resolución y poner nuestra fe y nuestra confianza solamente en el Señor.

Permite que el Espíritu Santo que ya mora en ti ponga en tu corazón esta misma resolución, que se manifieste en una búsqueda diaria e intensa por estar en la presencia de Dios. Esta es la esencia de la verdadera devoción a Dios, una consagración de todo nuestro ser que obre en una transformación, no de las circunstancias, sino de nuestro corazón por un encuentro personal con nuestro Dios.

Una sola resolución, tan grande que sea para toda la vida.

Oración
Señor, tú eres mi luz, mi salvación y mi fortaleza. El día de hoy, por encima de cualquier petición, concédeme que la resolución de David pueda ser la mía también, de manera que por tu gracia desee estar en tu presencia atesorando tu Palabra, viviendo por fe y no por vista todos los días de mi vida. Ayúdame a dejar de contemplarme a mí mismo o a las circunstancias para contemplarte únicamente a ti, sabiendo que nadie me puede arrebatar de tu mano. En el precioso nombre de Jesús mi Señor y mi Salvador, amén.

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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