02 DE MAYO
SALMO 119:93
«Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has dado vida» (SAL. 119:93).

Siempre he pensado que soy una persona que no tiene buena memoria. Me olvido o no recuerdo las cosas con facilidad. Por esta razón, cuando tuve la oportunidad, sabía exactamente qué pregunta hacer. Este pastor es un gran predicador, pero lo que más me impresionaba en su vida era su facilidad de proveer un texto de referencia bíblica de manera orgánica y natural, cuando ministraba de manera formal o informal.

«Eric, ¿qué haces para poder recordar tan fácilmente los versículos bíblicos?», le pregunté. Yo esperaba que su respuesta incluyera la recomendación de algún libro con estrategias para memorizar la Biblia, quizás mencionar algún recurso poco conocido de un puritano o reformador con una lista de versículos claves en el ministerio. Sin embargo, su respuesta fue mucho más simple, pero profundamente refrescante: «Juan, no hay una estrategia. Yo personalmente necesito estos versículos. Yo, como terrible pecador, necesito correr y lanzarme diariamente a mi Biblia y atesorarla para mi propia vida y supervivencia. Poseo un corazón malvado que necesita la Palabra».

Sus palabras quedaron marcadas en mi mente. El problema no es que tengamos mala memoria, sino que no nos damos cuenta de la absoluta y crucial necesidad que tenemos de que la Palabra de Dios habite ricamente en nuestros corazones diariamente. El secreto es no ver los preceptos de Dios como medicina para mejorar nuestra salud espiritual o la de otros, sino como el respirador que sostiene nuestra vida mientras estamos en cuidados intensivos.

El salmista tiene claro que es la Palabra la que lo ha vivificado. Es la Palabra, la que da vida y anima al creyente. Fue mediante la Palabra de Dios que las cosas llegaron a existir. La Palabra es la que nos hace libres; la Palabra es la que nos santifica; la Palabra es la que debe ser predicada para la salvación del pecador. Es Su Palabra la que siempre cumple el propósito de Dios. Y es esa Palabra la que nos muestra a nuestro Salvador.

Es en esta Palabra que debemos meditar diariamente. Cuando un precepto entra en nuestro corazón y nos vivifica, se convierte en una herramienta y arma mientras vivimos en este lado de la muerte. Es algo que no olvidaremos cada mañana, pues esa Palabra es lo único que tenemos que ofrecer en un mundo caído. Vendrá a nuestra mente en la noche más oscura del alma, pues solo ella puede dar el consuelo y alivio que nuestra alma busca.

En este día, mientras lees este devocional, oro para que sea un instrumento para que anheles buscar los preceptos de Dios con todo tu ser y lo hagas con pasión y urgencia. Memoricemos Su Palabra, ya que ella nos ha dado vida y nos reanima.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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