03 DE ABRIL
SALMO 119:37
«Aparta mi vista de cosas vanas, dame vida conforme a tu palabra» (SAL. 119:37).

Como parte de nuestra naturaleza pecaminosa, todos buscamos una salida para escapar de nuestra realidad presente, y por inercia buscamos refugiarnos en lo que nos es conocido y así confortar nuestro corazón en los altos y bajos de la vida. A veces conscientemente corremos a nuestros «escondites» y en ocasiones nos encontramos en el lugar más conocido de nuestro ser para poder evadir lo que no queremos enfrentar en el momento.

El día a día parece un hoyo sin fondo de trabajo, tareas, planificaciones, viajes, etc. que nos consume, y muchas veces hace que nos olvidemos de lo más importante, lo esencial, Dios mismo. Es fácil ser consumido por todo y al final quedarnos con nada más que un vacío que duele y, al nuevamente ver Su gracia, reconocer que todo lo que necesito se encuentra solamente en Él.

El rey David siendo llamado por Dios, pasa por tiempos de angustia y agonía después de ver cuán lejos estaban sus ojos de quien debería cautivar su mirada. Al reconocer que está delante del Dios omnisciente, levanta esta exclamación en el Salmo 119:37 «Aparta mi vista de cosas vanas, dame vida conforme a tu palabra».

Conscientes o no, con frecuencia corremos de estar en la lupa de Dios por miedo de lo que pueda encontrar. Nos hacemos expertos en vivir preocupados u ocupados en una serie de actividades que no son «malas», pero al poner nuestras cabezas en la almohada al finalizar nuestro día, nos pesa la culpabilidad, la vergüenza, la realidad; nuestros ojos estuvieron cautivados por todo o todos menos por Él. Corren las lágrimas, se detiene por un instante la respiración, el corazón duele al reconocer la gravedad de la condición presente. Cuando David clama a Dios «aparta mi vista» él sabe que no hay manera que pueda sostener su mirada sin la ayuda del Dios que conoce su corazón.

En el Salmo 139:23-24: «Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno», David le pide a Dios que lo examine, lo conozca, lo pruebe, lo vea y que lo guíe; reconoce que únicamente Dios mismo puede salvarlo de su propia humanidad. Qué difícil es hacer tal oración porque sabemos que la respuesta quizás traerá consigo una realidad no aceptable. Pero veamos la gracia de Dios, que hace que aun sabiendo cuán pecaminosos son nuestros corazones, si nos arrepentimos, Él no nos deja en el camino de la perdición. «… Dame vida conforme a tu palabra».

En estos tiempos con tantos avances y tantas distracciones que pelean por nuestra atención, debemos salir de esos escondites de comodidad o refugios de escape, clamar a Dios que aparte nuestros ojos de las cosas vanas del mundo y nos rescate de la facilidad con la que nuestro corazón es satisfecho con las cosas vanas con las que nuestros ojos son atraídos. No hay nadie que lo pueda hacer más que aquel que nos conoce mejor que nosotros mismos.

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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