03 DE FEBRERO
SALMO 34
«Bendeciré al Señor en todo tiempo; mis labios siempre lo alabarán» (SAL. 34:1).

David escribió este salmo en los días cuando fingió demencia ante Abimelec, estaba huyendo de Saúl y se refugiaba con otro montón de hombres desdichados en una cueva.

Solo digamos que la mayoría de nosotros no preferiríamos recurrir a la adoración en días así, sin embargo, David seguía cantando, practicando lo que aprendió a hacer desde que era un simple pastorcito. Él comienza este salmo con las siguientes palabras: «Bendeciré al Señor en todo tiempo; mis labios siempre lo alabarán» (Sal. 34:1). Esa línea de apertura, aparentemente simple, delata una visión clara: David está en la posición correcta como criatura y siervo. Dios, por Su lado, es su Señor y Dueño, digno de ser adorado por quién es: la Roca eterna e inconmovible. En el solo acto de reconocer nuestra situación delante de Dios hay una ganancia tremenda porque significa que, en medio de circunstancias tan complicadas e indeseables, podemos descansar en la integridad y perfección de nuestro Padre.

David continúa declarando que su alma se gloría o jacta en Dios y, por lo mismo, puede admitir sus temores, que seguramente son muchos en ese momento. David, en esta situación, me recuerda a otro gran hombre de Dios: Pablo, quien escribió en la carta a los Gálatas: «En cuanto a mí, jamás se me ocurra jactarme de otra cosa sino de la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Gál. 6:14). Si nos detenemos a examinar a las personas más fructíferas en el Reino, este es un común denominador: reconocer su debilidad y percibir la fuerza de Dios. Nosotros podremos sentirnos como sea y estar rodeados de o que sea, pero siempre podremos gloriarnos en quién es Dios y quizás esta sea la manera más poderosa de abrir paso para testificar al mundo que nos ve

La manera completamente sincera en que David se acerca al trono del Dios vivo frente a ese montón de hombres conflictuados, es lo que le permite en seguida invitarlos a que «prueben y vean que Dios es bueno» y decirles que refugiarse en Él es una dicha. Solemos pensar que los afligidos que nos acompañan en nuestra propia cueva necesitan nuestra habilidad, fuerza y un buen humor que ignore las circunstancias, para poder infundirles ánimo y confianza, pero en la Escritura no se nos prohíbe sentir lo que tengamos que sentir, sino más bien, se nos invita a procesarlo delante del Señor y los salmos son prueba de esto. Vemos a David, un hombre que en este punto ya tenía un liderazgo impresionante, que nunca perdía la sensibilidad de venir transparentemente para «afinar» su corazón ante Dios y en ese mismo ejercicio, incluir una invitación para los que están viendo su aflicción y la confianza en su Dios.

Quizás nuestro mayor aporte en días de oscuridad sea nuestro clamor sincero y nuestra vulnerabilidad confesada mientras adoramos al Poderoso de Israel. Si el Señor está cerca de los quebrantados de corazón, de los que ya no quieren cantar, mostrarles nuestro quebranto no es mala idea; si salva a los de espíritu abatido, confesarlo es un buen paso.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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