03 DE JULIO
SALMO 104:29-30
«Escondes tu rostro, se turban; les quitas el aliento, expiran, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra» (SAL. 104:29-30, LBLA).

En el Salmo 104 el salmista expresa el cuidado que Dios tiene con Su creación; es un precioso poema que nos habla de la tierra, el mar, el sol, las nubes, las plantas, los ángeles, los animales, etc. Sin embrago, en los versículos que nos ocupan, quisiera que pudiéramos relacionar todo eso a la obra creadora de vida del Espíritu, quien es Dios y parte de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo).

La gloriosa y maravillosa creación de Dios es tan dependiente de Dios que el salmista escribió: «Escondes tu rostro, se turban». La creación depende tanto de Dios que, si Él ocultara Su presencia o les quitara el aliento, pronto perecerían. Hay un sentido real en el que la creación responde y se entrega mucho más a Dios que la humanidad. «Envías tu Espíritu, son creados». El retiro de la presencia o el favor de Dios significa la ruina de toda la creación, pero el derramamiento de Su Espíritu significa vida y renovación.

Sin el Espíritu de Dios no hay vida; Él es el dador de vida. Un día, cuando tú y yo estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, Dios nos dio vida y nos salvó por Su gracia por medio de la fe en Cristo exclusivamente. Es el Espíritu de Dios el que se movía sobre las aguas cuando la Trinidad unida se desplegaba en la maravillosa creación. Es el Espíritu de Dios quien llevará a cabo la continuación de la obra de proclamar el evangelio, la tarea de la Iglesia, de acuerdo con la enseñanza de Hechos 1:8: «Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los con-fines de la tierra» (LBLA).

El salmista escribe por inspiración divina: «Renuevas la faz de la tierra». No solamente la faz de la tierra, sino que un día se dignó a morar en aquellos que nos hemos arrepentido y creído en Cristo como nuestro Señor y Salvador. Se dignó a darnos el fruto del Espíritu para que podamos vivir una vida conforme a lo que Dios espera de nuestra conducta y comportamiento: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley» (Gál. 5:22-23, LBLA).

«Envías tu Espíritu», nos dice el salmista. ¡Cuán gloriosa y maravillosa expresión! Qué privilegio tan hermoso tener la confianza de que el Espíritu de Dios llegó a nuestra vida y podemos llevar a cabo esta vida cristiana por Su intervención divina.

Recordemos las palabras de Pablo: «Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros» (Rom. 8:11, LBLA).

===================
SALMOS
DEVOCION MATUTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
===================
|| www.drministries.org ||
===================