04 DE ABRIL
SALMO 63:1-10
«Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas» (SAL. 63:1).

Viajaba por una carretera del estado de la Florida al estado de Nuevo México en los Estados Unidos y pude apreciar, de cerca, los cambios del clima y de la vegetación. La humedad, la lluvia y el verdor de los estados costeros se transformaron en el calor, la sequía y las piedras del oeste. Recuerdo que sentí sed al pasar por las zonas áridas del viaje. Mi boca y mi piel se sentían resecas y anhelaban agua. ¡Y eso que iba viajando en un auto con aire acondicionado!

Cuando David estuvo en el desierto, no solo experimentó la resequedad y el calor físico, sino que también su ser tenía sed de consuelo. Sentía que su cuerpo y su alma ardían. David sintió sed física, pero incluso más, sintió sed de Dios. Dios es el manantial de agua fresca para todos los que tienen sed de Su amor, misericordia y perdón. El no leer Su Palabra y la poca comunicación con Dios por medio de la oración causan que pasemos por etapas áridas en nuestra vida. David reconoce su debilidad y su necesidad. En respuesta, acude a Dios convencido de que Dios no cambia. Dios lo amaba y tenía un propósito para su vida. Nosotros también necesitamos recordar que cuando vamos a Dios arrepentidos de nuestros pecados, tenemos libre acceso a Su manantial de agua pura y fresca.

Padre, perdona mis pecados contra ti. Siempre deseo estar cerca de ti para descansar a tus pies y tomar agua fresca y pura.

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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