04 DE JULIO
SALMO 135
«¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! ¡Alaben el nombre del Señor! ¡Siervos del Señor, alábenlo!» (SAL. 135:1).

El Salmo 135 inicia y termina con notas doxológicas. Específicamente, llamando a todo el pueblo a ofrecerle genuina y exclusiva adoración al Señor. Leemos: «¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! ¡Alaben el nombre del Señor! ¡Siervos del Señor, alábenlo, ustedes, que permanecen en la casa del Señor, en los atrios de la casa del Dios nuestro! […]. Pueblo de Israel, bendice al Señor; descendientes de Aarón, bendigan al Señor; descendientes de Leví, bendigan al Señor; los que temen al Señor, bendíganlo. Desde Sión sea bendito el Señor, el que habita en Jerusalén. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!» (vv. 1-2; 19-21).

A luz de estas palabras no cabe duda de que el objeto de nuestra adoración debe ser únicamente Dios. ¿Por qué? «Yo sé que el Señor, nuestro Soberano, es más grande que todos los dioses. […]. Los ídolos de los paganos son de oro y plata, producto de manos humanas. Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver; tienen oídos, pero no pueden oír; ¡ni siquiera hay aliento en su boca! Semejantes a ellos son sus hacedores y todos los que confían en ellos» (vv. 5; 15-18).

A diferencia de lo que algunos piensan cuando leen estos versículos, en el antiguo Cercano Oriente no se creía que estas estatuas fueran dioses. La creencia en aquel entonces era que a través de cierto ritual, estas estatuas idolátricas se convertían en vehículos a través de los cuales los dioses (Baal, Moloc, Asera, entre muchos más) manifestaban su presencia a la gente. Por lo tanto, lo que el texto nos está diciendo es que las imágenes y estatuas que hacían los incrédulos eran solo representaciones visibles de sus deidades, a través de las cuales tenían acceso a sus dioses. Pero, así como la estatua no tenía vida, ni podía hacer nada, también sucedía lo mismo con los dioses a los que representaban. En otras palabras, eran falsas deidades. Por esta razón, el salmista llama a las personas a confiar y adorar al verdadero y único Dios.

Hoy, las falsas deidades no se representan tanto con estatuas o imágenes como ocurría en el Antiguo Testamento. En la actualidad los dioses falsos vienen con un disfraz diferente. Por ejemplo, cuando alguien ofrece todo su amor, devoción y confianza al dinero, a la familia, al sexo, al poder, a la aceptación, al trabajo u otras cosas, está practicando la idolatría, pues está elevando esos aspectos a un estatus de dios en su vida.

Es en medio de todas estas falsas deidades y de sus huecas promesas de felicidad que como pueblo de Dios debemos marcar la diferencia. ¿Cómo? Al atender siempre a este llamado de adoración. Es decir, al vivir nuestras vidas en lealtad, confianza y servicio al único que realmente es Dios, quien por amor a nosotros se encarnó en la persona de Cristo para que pudiéramos conocerlo y adorarlo genuinamente.

Sirvamos, entonces, a nuestro bendito Señor con gozo y reverencia y digamos juntos: «¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!» (Apoc. 5:13). Amén.

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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