04 DE MAYO
SALMO 90:11
«¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu indignación según que debes ser temido?» (SAL. 90:11, RVR1960).

Somos capaces de temer a la ira de los hombres más de lo que deberíamos; pero ningún hombre puede comprender que la ira de Dios sea más intimidante de lo que real realmente es: el poder de ella no puede ser conocido completamente porque es infinita, y apropiadamente hablando, no tiene límite. Sin importar cuán feroz sea, en la tierra o en el infierno, Dios puede soportarla más. Cada cosa en Dios es la más perfecta en su tipo; por lo mismo ninguna ira es tan feroz como la suya. ¡Oh, pecador! ¿Cómo concibes que podrás soportar esa ira que te despedazará (Sal. 50:22), y te triturará hasta hacerte polvo? (Luc. 20:18). La historia de las dos osas que despedazaron a los jovencitos de Betel es horrible (2 Rey. 2:23- 24), pero la fuerza conjunta de la rabia de los leones, leopardos y osas por sus cachorros no es suficiente para darnos ni una débil muestra de la ira de Dios: «Por tanto, yo seré para ellos como león; como un leopardo en el camino los acecharé.

Como osa que ha perdido los hijos los encontraré, y desgarraré las fibras de su corazón, y allí los devoraré como león; fiera del campo los despedazará» (Os. 13:7- 8).

La Escritura enseña que la ira de Dios sobre los hombres malvados es espantosa más allá de todo lo que podemos concebir. Así como es poco lo que conocemos de Dios, y así como es poco lo que conocemos y podemos concebir de Su poder y Su grandeza, así también es poco lo que podemos saber y concebir de lo espantoso de Su ira; y por lo tanto no hay razón para suponer que la definimos más allá de lo que es. Por el contrario, tenemos razón para suponer que habiendo dicho nuestra máxima expresión y pensado nuestra máxima idea, todo lo que hemos dicho y pensado es solo una tenue sombra de la realidad. Se nos ha enseñado que la recompensa de los santos va más allá de lo que podemos describir y concebir: «Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos» (Ef. 3:20). «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman» (1 Cor. 2:9). Entonces podemos suponer racionalmente que el castigo de los malvados será, inimaginablemente aterrador.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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