05 DE JULIO
SALMO 7
«Sálvame, Señor mi Dios, porque en ti busco refugio! ¡Líbrame de todos mis perseguidores!» (SAL. 7:1).

No sabemos a qué situación particular se refiere este salmo de David, pero sí sabemos que es un salmo de lamento. David clama por salvación a su Señor y Dios en medio de las acusaciones falsas que está sufriendo.

«¡Líbrame de todos mis perseguidores! —clama David—. De lo contrario, me devorarán como leones; me despedazarán, y no habrá quien me libre» (vv. 1-2). Su oración es de confianza en lo que Dios es y su necesidad de Él. ¡El Señor es su refugio! ¡El Señor es quien lo justifica porque lo conoce!

¿Conoces la justicia del Señor? Su carácter justo moldea nuestra perspectiva de lo que realmente es justicia. Conocemos esta justicia cuando entendemos que un día éramos injustos ante Él y Cristo, el Justo, fue tomado por culpable cuando no lo era, muriendo en un madero por nosotros y salvándonos (1 Ped. 2:23). Este acto atroz fue uno de justicia ante el Dios justo. Cristo satisfizo la ira de Dios por nosotros para hacernos justos delante de Dios; ahora en arrepentimiento y fe hoy podemos llamarle Señor y Dios (vv. 1, 6).

Bendita obra por la que nos podemos acercar y orar a Él en medio de las injusticias que están presentes en nuestra vida. En general, respondemos a las injusticias con desánimo, culpamos a otros o nos enojamos. Pero ninguna de estas es verdadera protección contra un león que viene a desgarrar el alma (v. 2a) o contra un corazón que se hunde en la autoconmiseración como si no tuviera una Roca inamovible y un Dios justo quien libra su alma del acusador y del autoengaño.

Más bien, como David, traigamos nuestra vindicación delante de nuestro Señor y Dios: «Si le he hecho daño a mi amigo, si he despojado sin razón al que me oprime, entonces que mi enemigo me persiga y me alcance» (vv. 4-5). David apela a Dios, quien conoce verdaderamente su corazón y mente, no al hombre (v. 9b). El impío no puede destruirnos o alejarnos del Señor porque, aun en nuestro sufrimiento, Cristo nos ha sido dado como la esperanza de que el Señor se levantará en Su ira contra la injusticia. Su ira justa, supera nuestra ira (v. 6). Así que en medio de las injusticias nuestra alma impaciente clama a Él y espera en Su justo juicio.

«El Señor [que] juzgará a los pueblos» (v. 8a) se prepara para ser nuestro escudo y salvación. ¡Nos llama rectos de corazón a causa de Cristo que estuvo en un tribunal, no de hombres, sino del mismo Señor, quien fue juzgado injustamente por nosotros, pues Él era verdaderamente recto de corazón! (1 Ped. 2:21-23). Por eso no sufriremos el filo de Su espada e indignación (vv. 12-16).

Sea esta nuestra respuesta de alabanza: «¡Alabaré al Señor por su justicia! ¡Al nombre del Señor altísimo cantaré salmos!» (v. 17). Aunque obremos rectamente, no podemos evitar sufrir persecución o incriminación injusta, pero sí podemos estar seguros en quien hemos confiado y en quien nos ha salvado. Por fe, Él nos cambia de un justo angustiado, a un adorador del Altísimo. ¡Qué obra maravillosa!

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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