05 DE JUNIO
SALMO 56
«Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?» (SAL. 56:4).

Es un regalo precioso tener en nuestra Biblia salmos como el 56, un salmo de lamento. A veces creemos la mentira de que la vida cristiana es color de rosa y que solo por tener a Cristo todo va a marchar sobre ruedas. ¿Por qué digo que es una mentira? Porque de este lado de la eternidad, en un mundo caído y contaminado por el pecado, no existe tal cosa.

Así que, el dolor y el lamento son parte de nuestra existencia. Y por contradictorio que parezca, Dios usa esos momentos para conformarnos más a Su imagen y para revelarnos aspectos de Su carácter que de otra manera no conoceríamos.

David estaba viviendo un momento así cuando escribió este salmo (si vas a 1 Samuel 21 encontrarás la historia completa). Estaba sufriendo, al punto de las lágrimas, pero con la certeza de que su llanto no pasaría inadvertido para Dios (v. 8). La persecución y la maldad eran muy reales para él. Sin embargo, algo lo sostenía en medio de la dificultad. ¿Qué era? Su confianza en Dios. Vuelve a leer el salmo y observa cuántas veces David afirma que confía en Dios. David usa las palabras del salmo para recordarse a sí mismo dónde estaba su confianza, para que de esa manera el temor desapareciera (v. 4).

David confiaba en Dios y alababa Su Palabra, incluso rodeado de enemigos.
Esos enemigos eran reales, de carne y hueso. Quizás tú y yo no tengamos enemigos así, pero atravesamos situaciones que pueden tener el mismo efecto sobre nosotras. ¡Recordemos la Palabra de Dios! Ahí están Sus promesas, ahí está nuestra fortaleza. Recordemos quién es Dios, el mismo que nos dice en Romanos 8 que nada nos podrá separar de Su amor «que es en Cristo Jesús Señor nuestro».

¡Nada! No hay enemigo, ni sufrimiento, ni dolor, ¡ni siquiera la muerte!
Es glorioso saber que, por la obra de Cristo, un día ya no habrá más lágrimas ni llanto. Mira lo que dice Apocalipsis 21:4: «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron». Pero entre tanto que ese día llega, entre tanto que tengamos que derramar lágrimas, lamentar pérdidas o sentir temor, podemos confiar en Dios. Podemos confiar en Su Palabra, en Su misericordia. Y, como David, podemos dar gracias porque ahora vivimos en la luz de Cristo.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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