06 DE FEBRERO
SALMO 16
«Cuídame, oh Dios, porque en ti busco refugio» (SAL. 16:1).

Este salmo es referenciado más de 20 veces en el Nuevo Testamento (Hech. 2:27-31; 13:35; Apoc. 1:18) y al observar estas referencias directas cumplidas en la vida y obra de Cristo, estamos sin duda alguna ante un salmo mesiánico. Sin embargo, podríamos preguntarnos: «¿Cómo puedo comparar la vida y el sufrimiento de Cristo al mío?». Algunos pensamos que es algo pretencioso hacer esto. Otros, sin darnos cuenta podríamos minimizarlo ante el peso de Su divinidad. Al presentarse ante Dios, el salmista recurre a una razón y con una actitud irrechazable: la razón es que en Dios busca su refugio, impulsado por una actitud de humildad. El salmista no recurre a sus propios méritos o fidelidad. Muchos estamos acostumbrados a decir las cosas correctas y confiamos en esto al acercarnos a Dios. El problema es que el Mesías, en Su vida y obra sería caracterizado por Su descanso y confianza en Dios mismo y el hacer Su voluntad. Por otro lado, nosotros no podemos hacer esto.

Nuestra suerte, futuro, destino y cada paso entre los hitos perdurables y significativos están formados por «mosaicos»: días, horas, eventos, acciones que pueden parecer insignificantes. Aun así, cada uno de ellos están en el designio y bajo el control soberano y diseño de Dios (ver 2 Cor. 1:3-7).

En este salmo, David reconoce a Dios y Sus atributos perfectamente reflejados en Cristo encarnado: Dios protector (v. 1), Señor sobre todo, soberano (v. 2), fuente de toda riqueza y bien (v. 2), Dios de justicia y venganza (v. 4), Dios mismo como herencia y recompensa de los que le aman (v. 5), Dios sustentador (v. 5), Dios que aconseja (v. 7), Dios que guía, va delante (v. 8), fuente de seguridad (v. 9), Dios que destruye y vence la muerte (v. 10), Dios de resurrección (v. 10), Dios de vida (v. 11), Dios de gozo (v. 11), Dios eterno (v. 11).

Aquellos que hemos conocido a Cristo y lo reconocemos como Señor sobre nuestras vidas, tenemos la esperanza de que, en la unión con él, no solo Su sufrimiento es el nuestro, sino que todas las riquezas en gloria y esperanza las tenemos en Él. Él vino para dar vida en abundancia y esa vida no inicia de aquel lado de la eternidad cuando la muerte cambia nuestro estatus de residencia. Esa vida en Cristo, que recibimos no solo por Su muerte, sino por Su resurrección, la recibimos al momento de nuestra conversión. Somos beneficiarios de una esperanza que no se ve amenazada por ningún enemigo, circunstancia y no es dejada al azar. Es una esperanza que descansa y está garantizada por el amor del nombre de Dios, Su reputación, porque es parte de quién es Él y Él no compromete Su reputación ni Su fama. No es por nuestras bondades ni por nuestras debilidades, sino por amor a sí mismo y a Su gran nombre. Es la mejor garantía que podemos tener y en la cual nos deleitamos, no cuando iniciemos la eternidad en gloria, sino desde ahora. Porque sus deleites son para siempre, en Cristo.

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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