06 DE JULIO
SALMO 57:1-5
«Ten compasión de mí, oh Dios; ten compasión de mí, que en ti confío. A la sombra de tus alas me refugiaré, hasta que haya pasado el peligro» (SAL. 57:1).

Para entender la angustia de David cuando escribió este salmo tenemos que entender el momento en el que lo escribió. Como el rey Saúl lo buscaba para quitarle la vida, David, en un momento de miedo, tomó la espada de Goliat y huyó a Gat, precisamente la ciudad donde el gigante nació. Y cuando las personas lo reconocieron, se avergonzó de sí mismo y de Dios, fingiendo estar demente ante los ojos del pueblo y actuando como loco en medio de ellos. Él salió de allí y se refugió en la cueva de Adulam, donde 400 hombres que estaban apurados, endeudados o descontentos se unieron a él y David llegó a ser su jefe.

Al leer los Salmos 52-56, el tono es más pidiendo a Dios salvarlo de sus enemigos, sin embargo, en el Salmo 57, lo vemos refugiándose en Dios. Físicamente estaba escondido en una cueva, sin embargo, él sabía que su refugio era únicamente en Dios (Sal. 91:1). Aunque la cueva era oscura por la falta del sol, realmente él reconocía que estaba amparado en la sombra de las alas del Todopoderoso y no de la cueva.

Su corazón era destrozado no solamente por la gravedad del peligro en que estaba viviendo, sino también porque deshonró a su Dios. El hombre, que en su juventud enfrentó al gigante simplemente por desafiar a Dios, ahora en Gat, dejó de enfocarse en Dios y en Su poder, y se enfocó en el problema.

El hombre conforme al corazón de Dios ahora estaba destrozado y reorientó sus ojos espirituales hacia Dios y pidió Su misericordia. Él conoce que su Dios siempre es fiel a Su pueblo y a Sus promesas y Él había prometido que sería el próximo rey (1 Sam. 16). Así que, de la misma forma en que Dios salvó al pueblo de los egipcios, David sabía que lo escondería bajo Sus alas (Deut. 32:11). ¡Su angustia realmente no era por Saúl, sino por el pecado que él cometió contra el Dios santo que amaba!

David clama al mismo Dios que entregó a los enemigos en las manos de Abram (Gén. 14:20), y aunque los enemigos que David tuvo eran feroces, él no dudaba porque, como estaba bajo las alas de Dios en la cueva, tenía la misma protección que Daniel tuvo en la fosa de los leones (Dan. 6).

Como vimos con David, nuestro problema no es la falta de fe, sino dónde ponemos nuestra fe. La fe es más que creer, es actuar sobre esta creencia. Cuando David se enfocaba en Dios, actuó como un creyente fiel porque estaba comportándose basado en lo que creía, pero cuando se desenfocó, sus acciones eran iguales a las de un incrédulo porque su fe tambaleó por no tener la certeza en lo que no se ve (Heb. 11:1).

¿Dónde está nuestro enfoque? ¿Estamos acercándonos a Dios todos los días para mantener nuestro enfoque?

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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