06 DE MARZO
SALMO 89:26
«Él me dirá: “Tú eres mi Padre, mi Dios, la roca de mi salvación”» (SAL. 89:26).

Vivimos en un tiempo en el que a pocos les da temor decir lo que piensan de sus gobernantes. Las redes sociales están llenas de burlas, quejas y críticas referentes a presidentes y gobernadores. ¿Qué clase de gobernante quisiéramos tener? ¿Qué tipo de gobernante generaría nuestra admiración y confianza? El Salmo 89 muestra cómo todo el orgullo de la nación de Dios estaba en su rey, «el Santo de Israel» (v. 18), el rey designado por Dios mismo.

¿Qué caracterizaba a ese rey? ¿Qué lo hacía admirable y digno de confianza? El versículo 26 presenta tres características por las cuales el rey establecido por Dios daba confianza al pueblo de Dios: 1) su relación con Dios 2) su integridad 3) su dependencia.

El versículo dice que el rey clamará a Dios llamándolo Padre. Eso es una referencia a 2 Samuel 7, en donde Dios le prometió a David que su descendencia sería la descendencia real. Es decir, todos los reyes legítimos de Israel vendrían de la descendencia de David. Y la forma de asegurarlo era que la relación de Dios con el rey sería como la relación de un padre con su hijo. Eso hacía admirable y digno de confianza al rey. Era el hijo de Dios, Dios no lo iba a despreciar o traicionar porque era como Su hijo. De manera que la confianza en el rey se basaba en su relación con Dios.

Luego estaba su integridad. El versículo dice que él clamaría al Señor como su Padre, pero además como su Dios. En otras palabras, el Dios verdadero sería su Dios, no otro. No seguiría a dioses falsos y paganos, sino que el Señor sería su Dios. Lo que hacía admirable y confiable al rey, era su integridad al adorar y ser fiel solamente al Dios verdadero.

Finalmente, dice el versículo que el rey clamaría a Dios como la roca de su salvación. Eso sería una demostración de dependencia, de reconocimiento de debilidad y de fe solamente en el Señor. El rey era confiable y digno de toda admiración porque reconocía su humanidad y su necesidad de Dios.

Cuán grande fue entonces la tristeza y la decepción al ver tantos reyes en Israel despreciando la Palabra de Dios, adorando dioses paganos y buscando ayuda en otras naciones en vez de buscar al Dios vivo y verdadero. Pero los profetas daban una esperanza al pueblo de Dios, la esperanza de que vendría uno, el Rey supremo de la descendencia de David (Isa. 11:1-9) que sería llamado el verdadero Hijo de Dios (Mat. 14:23), que no doblaría sus rodillas ante Satanás ni por todos los reinos de la tierra (Mat. 4:1-11) y que sería débil para poder morir por los pecados de Su pueblo (Heb. 5:7-9), para luego resucitar en poder y sentarse a la diestra de Dios.
Ese Rey sería el más digno de confianza, admiración y adoración.

Puede que nuestros gobernantes no tengan nuestra admiración y confianza, pero nuestra esperanza no está en los líderes de este mundo. En vez de simplemente quejarnos y criticar, confiemos en el Rey que vendrá un día a gobernar perfectamente sobre esta tierra, nuestro Señor Jesucristo.

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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