08 DE JULIO
SALMO 121:1-8
«A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra» (SAL. 121:1-2).

Vivimos en un mundo caído. Esto significa, entre otras cosas, que experimentaremos situaciones de incertidumbre, confusión y peligro. ¿Qué hacer en ­momentos así?

En tiempos del salmista, las naciones que rodeaban a Israel tenían una respuesta para esta pregunta: acudir al dios que mejor pudiera resolver su problema. Por supuesto, todos esos dioses no eran más que creaciones de su mente entenebrecida y, por lo tanto, no recibían la ayuda que buscaban.

En la actualidad, muchos hacen algo similar. En tiempos de adversidad buscan refugio en cualquier cosa (música, dinero, drogas, alcohol, romances), menos en Aquel que es la verdadera fuente de fortaleza, seguridad y protección. Entonces, ¿de dónde vendrá mi ayuda?, el salmista nos da la respuesta correcta: «Mi ayuda proviene del Señor». Pero ¿por qué de Dios y no de otras cosas o personas? La razón que el salmo nos da es doble.

1.Porque Dios es el creador de todo el universo (v. 2). A diferencia de los ídolos de los pueblos vecinos de Israel, Jehová era el verdadero Señor, que no solamente existía como el único Dios, sino que también había hecho los cielos y la tierra con el poder Su palabra. De manera que, si el Señor tiene el poder para crear todas las cosas visibles e invisibles y estar constantemente sosteniendo Su mundo en existencia, también tendrá el poder para cuidarnos, protegernos y ayudarnos en momentos de incertidumbre y peligro. En realidad, Él es único que puede ayudarnos.

2.Porque Dios mismo se presenta como el protector de Su pueblo. Los versículos 4 y 5 lo resumen de esta manera: «Jamás duerme ni se adormece el que cuida de Israel. El Señor es quien te cuida, el Señor es tu sombra protectora». Ahora bien, es importante entender estas palabras desde su contexto original. Cuando el salmista escribe esto tiene en mente a los peregrinos que viajaban a Jerusalén para adorar a Dios en el templo. Esto lo sabemos porque los Salmos 120 a 134 se conocen como «cánticos de ascenso gradual», debido a que se cantaban mientras los peregrinos ascendían a Jerusalén. Esto no significa que el cuidado de Dios esté limitado a cuando salimos de nuestro hogar para ir al culto dominical. Sin embargo, sí nos enseña un punto importante:
estos peregrinos no estaban buscando el peligro. Por consiguiente, este salmo no es una promesa de que Dios nos cuidará si intencionadamente buscamos el peligro. Nuestra actitud no debe ser la de tentar al Señor. Por otro lado, es importante aclarar que, en ocasiones, y de acuerdo con Sus sabios y eternos propósitos, Dios permitirá que el peligro nos toque, ya sea como una medida de disciplina paternal o como una prueba que fortalecerá nuestra fe. Pero más allá de esto, podemos estar seguros de que el Señor nos «cuidará en el hogar y en el camino, desde ahora y para siempre» (v. 8).

Confiemos entonces que Dios, el creador del universo y protector de Su pueblo, nos cuidará y ayudará en las situaciones de incertidumbre, confusión y peligro.

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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