09 DE MARZO
SALMO 89:27
«Yo le daré los derechos de primogenitura, la primacía sobre los reyes de la tierra» (SAL. 89:27).

Seguridad. ¿Quién no quiere tener seguridad? En este salmo hemos visto que el pueblo de Dios debería estar confiado y lleno de gozo. Pero ¿cuál es el fundamento de su seguridad? La seguridad del pueblo de Dios se fundamenta en ser gobernados por el rey que Dios eligió (v. 18). Ese rey no es un rey más en la tierra.

Es el rey que representa el gobierno de Dios, es el rey completamente respaldado por el Señor, es, de hecho, de acuerdo con los versículos 26-27, llamado «Hijo de Dios».

En 2 Samuel 7, el rey David tuvo una idea: construirle una casa a Dios. A Dios le complació la intención de David, pero Dios no vive en casa hecha por manos humanas. Dios no depende del hombre para tener una casa. Así que, antes de que David construyera el templo, símbolo de la presencia de Dios en Su pueblo, Dios le construiría una casa a David, una dinastía duradera (2 Sam. 7:8-17). Esa promesa implicaba que los descendientes de David serían los legítimos herederos al trono de Israel, que el hijo de David que tomaría su lugar como rey, sería respaldado y guiado tal como Dios guio y respaldó a David. Pero esa relación entre Dios y el rey descendiente de David, sería una relación única, una relación íntima y profunda, tanto, que la manera en la que Dios decidió describirla fue como la relación entre padre e hijo. De manera que el rey del linaje de David sería conocido como hijo de Dios (2 Sam. 7:14).

Ese era el fundamento de la seguridad del pueblo de Dios: el rey que los gobernaba era el hijo de Dios, «el primogénito de Dios, el más excelso de los reyes de la tierra». ¡Qué gran seguridad podría gozar una nación cuyo rey es completamente respaldado por el Señor! Lamentablemente, tan grande como la seguridad fue la desesperanza cuando el trono de David fue destituido por Babilonia. Jerusalén, la ciudad de David fue destruida, y el templo reducido a escombros. ¿Dónde estaría ahora la seguridad del pueblo de Dios? Aun cuando volvieron a la tierra prometida, el trono de David había desaparecido. ¿Cómo podrían cantar de gozo y seguridad si no tenían al rey de Dios gobernándolos?

Sin embargo, la luz de la esperanza resplandeció con todo poder cuando apareció un hombre cumpliendo todas las profecías que demostraban que Él era el Hijo de Dios. Sus milagros, sus obras poderosas, incluso Su muerte fueron evidencia de que Él era el Rey. Pero fue Su resurrección la evidencia de Su coronación para ascender al trono a la diestra del Padre. Ese día, Jesús de Nazaret fue «declarado Hijo de Dios con poder…» (Rom. 1:4; 1 Cor. 15:20-28). «El más excelso de los reyes de la tierra».

Hoy podemos cantar con seguridad porque nuestro Rey, Jesucristo, el Hijo de Dios, está reinando, y regresará para establecer Su reino en esta tierra eternamente, un reino de completa paz y seguridad.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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