10 DE JULIO
SALMO 91:14-16
«Yo lo libraré, porque él se acoge a mí; lo protegeré, porque reconoce mi nombre» (SAL. 94:14).

En el Salmo 91, el salmista se refiere a sí mismo en los versículos 1 al 2, utilizando el pronombre «yo», en los versículos 3 al 13 el pronombre utilizado es «tú», con el salmista hablando al lector. Sin embargo, en los versículos 14 al 16, el pronombre vuelve a ser «yo», pero ahora es un «yo» divino. El salmista, bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos habla de parte de Dios. En estos últimos tres versículos, Dios promete varias cosas a aquellos que confían en Él: Su protección, una respuesta a nuestras oraciones, Su presencia, el rescate y la salvación.

Como hemos visto en este salmo, Dios es nuestra única fortaleza y baluarte confiable y Él librará a quienes se aferran a Él en amor. La protección no es porque lo merecemos, sino debido a que Él es amor; por esta razón nos ordena tener gozo: «Pero que se alegren todos los que en ti buscan refugio; ¡que canten siempre jubilosos! Extiéndeles tu protección, y que en ti se regocijen todos los que aman tu nombre. Porque tú, Señor, bendices a los justos; cual escudo los rodeas con tu buena voluntad» (Sal. 5:11-12). Cuando confiamos tanto en Dios y lo buscamos, Él es fiel no solamente en protegernos, sino en contestar nuestras oraciones porque «El Señor está cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan en verdad» (Sal. 145:18). En nuestra angustia Él hace que Su presencia sea conocida y nos responde para quitarnos el temor. No necesariamente nos quita del problema, sino que está con nosotros y nos ayuda a sobrellevarlo, nos ayuda a madurar a través de este, crecemos en sabiduría y nuestra relación con Él se vuelve más íntima. Romanos 5:2-4 nos enseña cómo la madurez se gana a través de las tribulaciones: «Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza». Mientras tengamos esperanza, tendremos fe porque «la fe es la garantía de lo que se espera» (Heb. 11:1).

Cuando tenemos la fe de invocar Su nombre en la angustia, Él nos rescata, porque mientras Él camina con nosotros, nos sostiene en el sufrimiento, dándonos el poder y la paciencia para seguir hasta que Él haya logrado Sus propósitos. Y si el problema desaparece será en Su tiempo y en Su forma y para nuestro bien. Al buscar Su propósito para obedecerlo estamos reconociendo nuestra incapacidad y nuestra dependencia en Él, humillándonos bajo Su poderosa mano para que Él nos exalte a Su debido tiempo (1 Ped. 5:6). Dios honra a aquellos que lo honran.

El versículo 16 concluye: «Lo colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación». Nuestra vida terrenal será completa y por la salvación tendremos una vida eterna en el cielo. Este es un salmo de confianza, lleno de alegría y bendiciones para aquellos que lo reconocen (v. 14), lo invocan (v. 15) y buscan satisfacción en Él. Esto debe traer gozo y gratitud a todos los que confían en Él.

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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