10 DE MAYO
SALMO 40:6-7
«A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas, pero has abierto mis oídos para oírte; tú no has pedido holocaustos ni sacrificios por el pecado. Por eso dije: “Aquí me tienes —como el libro dice de mí”» (SAL. 40:6-7).

Cristo aceptó el oficio de Redentor y se comprometió a hacer que Su alma fuera una ofrenda por el pecado. Él, con gozo, asumió esta obra en aquella transacción eterna que hubo entre el Padre y Él. Él estaba feliz de tomar el lugar del elegido, y someterse a los terribles golpes de la justicia vengadora. El salmista describe a Cristo como alguien que está ofrendándose a sí mismo como fianza (garantía) en lugar de los hombres: «A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas […]. Por eso dije: “Aquí me tienes”» (Sal. 40:6-7). Él voluntariamente aceptó todas las condiciones que eran requeridas para lograr nuestra redención. Él estaba feliz de tomar un cuerpo para de esta forma ser capaz de sufrir. La deuda no podía ser pagada, ni tampoco cumplir los artículos del pacto, si no era en la naturaleza humana. Por tanto, Él debía tener una naturaleza capaz y preparada para sufrimientos. Por esto es que se dice: «Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo» (Heb. 10:5). Le correspondía a Él tener un cuerpo capaz de sufrir aquello que estaba representando estos sacrificios legales con los cuales Dios no se complacía.

Entonces Él tomó este cuerpo de carne, rodeado de todas las dolencias de nuestra naturaleza caída, con la excepción solamente del pecado. Él tuvo la condescendencia de echar a un lado las túnicas de Su gloria, para convertirse en alguien sin reputación, para tomar forma de siervo, y hacerse similar a los hombres.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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