11 DE ABRIL
SALMO 119:50
«Este es mi consuelo en medio del dolor: que tu promesa me da vida» (SAL. 119:50).

Alos 16 años perdí a mi hermano mayor en un trágico accidente automovilístico, una experiencia devastadora que difícilmente puedo explicar con palabras. Recuerdo que me encontraba sumergida en dolor profundo, llena de resentimiento, confundida con mil preguntas, pero fue en ese estado de mi alma donde Dios me salvó y pude experimentar por primera vez Su consuelo. Tener a Dios conmigo en esa dura etapa me ayudó a sufrir la pérdida de mi hermano aferrada a Sus promesas. Dios me consoló, y espero que hoy el poder de Su Palabra te consuele a ti.

En este salmo podemos ver que se considera que el dolor es parte de la vida, eso no lo podemos cambiar, pero si podemos vivir diferente ese dolor. El consuelo del salmista es la Palabra, un banco lleno de sus promesas. En el Salmo 119 leemos que para él la palabra es más preciada que el oro y más rica que la miel, y que desea día y noche estar meditando en ella.

Ante la realidad del dolor, nuestro consuelo no lo encontraremos en fuentes terrenales, sino en el soberano Dios que permite y planea que experimentemos esos momentos difíciles que tienen el propósito de hacernos voltear a Él y a Sus promesas. Es ahí, en el dolor, donde nuestro Padre trabaja en nuestro corazón y nos hace ver Su glorioso poder al experimentar paz que sobrepasa todo entendimiento. Es ahí donde podemos disfrutar de Su presencia, presencia donde hay plenitud de gozo y delicias a Su diestra (Sal. 16:11). Él nos da Sus promesas para infundirnos vida y aliento en el valle de sombra de muerte (Sal. 23). Ese dolor es bueno para nuestras almas (Sal. 119:71) y no sale de las manos de nuestro Rey; Job lo entendía cuando dijo: «Porque él hiere, pero venda la herida; golpea, pero trae alivio» (Job 5:18).

Nuestro Dios es un Dios consolador, Él nos ha dado Su Espíritu Santo para los días más oscuros. Así que, si estás pasando por dolor, recuerda que el Padre lo está permitiendo y usando para poder experimentar Su consuelo. Esa herida solo puede ser sanada y aliviada por Él. ¿Cómo podríamos disfrutar Sus promesas sin situaciones donde estas sean nuestro único consuelo? Promesas de provisión para los que experimentan escasez, promesas de aliento para quienes desfallecen, promesas de victoria para los inseguros, promesas de vida para quienes respiran la muerte de cerca. Muchas promesas más que están disponibles para ti.

Así que me uno a Pablo y declaro hoy: «Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren» (2 Cor. 1:3-4).

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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