11 DE FEBRERO
SALMO 89:3-4
«Dijiste: “He hecho un pacto con mi escogido; le he jurado a David mi siervo: ‘Estableceré tu dinastía para siempre, y afirmaré tu trono por todas las generaciones’”» (SAL. 89:3-4).

Todos somos frágiles. Físicamente, una bacteria o un virus puede matarnos. El miedo nos paraliza y la tragedia podría llevarnos incluso a dudar de Dios. Por el contrario, muchas veces parece ser que la carne, el mundo y Satanás no lo son; más cuando su implacable maldad se enfoca en querer destruir nuestra esperanza en Dios.

Sin embargo, aunque los cristianos somos débiles en la carne, nuestro espíritu es fuerte; porque a pesar de ser frágiles y efímeros, nuestro Redentor, Señor y Rey Jesucristo no lo es. Él es Dios eterno, inmutable, Sus promesas no cambian, no mutan, no dejan de ser. Es por la inmutable fidelidad de Dios a Su pacto que podemos confiar en Él hoy y mantener nuestra esperanza para el mañana. Esa fue la confianza del autor del Salmo 89.

Las palabras del salmista nos revelan lo que trae consuelo y esperanza al corazón de un hijo de Dios en tiempos de sufrimiento: recordar que Dios va a cumplir Sus promesas, por Su inmutable amor y fidelidad. El Salmo 89 fue escrito en tiempos de sufrimiento y desesperanza: el pueblo de Israel había perdido por completo la monarquía, mientras que sus enemigos se burlaban de ellos y de su Dios. Muchos hebreos pensaron que Dios había anulado Su pacto y que se había olvidado de ellos; sin embargo, en Su misericordia, a través de este salmo, Dios les recuerda Su pacto con David, a quien juró que le daría un hijo, cuyo trono sería eterno; por lo tanto, su fe no debía desfallecer, pues Él cumpliría Su promesa. Dios les recuerda que nunca se había olvidado de ellos, porque es fiel e inmutable.

En el cumplimiento de los tiempos, Dios cumplió Su promesa. El primer versículo de todo el Nuevo Testamento declara que este hijo de David, hijo de Abraham, Rey y Redentor eterno es Jesucristo (comp. Mat.1:1). A diferencia de los seres humanos que mentimos, prometemos y no cumplimos, Dios no es así. Él no cambia, ni Su naturaleza, ni Sus promesas, ni Su pacto, ni Su voluntad.

Aunque el mundo se tambaleara a tu alrededor y todos te mintieran a la vez, ten por seguro que el fiel amor de Dios por ti jamás cambiará; ni tampoco lo hará el pacto de paz que hoy gozas en Cristo; porque Jesús no cambia. Dios es fiel, porque es inmutable. Porque Dios no cambia, Su amor, compasión, gracia, bondad y consuelo por ti, nunca lo harán. Lo que Dios ha dicho, eso hará. Nunca se olvidará de ti.

Este día, te invito a que, así como el salmista oró confiando en la fidelidad y el amor de Dios al pedirle que viniera el reino prometido a David; ahora, en Cristo, puedas orar con confianza como Él nos ha enseñado: «Padre […] venga tu reino, hágase tu voluntad» en mi vida.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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