12 DE MARZO
SALMO 89:33-34
«Mas no quitaré de él mi misericordia, Ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, Ni mudaré lo que ha salido de mis labios» (SAL. 89:33-34, RVR1960).

En una tarde de verano, mi familia y yo fuimos atrapados por una tormenta eléctrica. Recuerdo con claridad la sensación de impotencia, fragilidad y pequeñez que tuvimos esa noche. Era impresionante escuchar el estruendo de los relámpagos que estremecían las ventanas. La luz refulgente de los rayos atrapaba nuestras miradas.

El salmista nos ha mostrado lo impresionado que se encuentra al ver la grandeza de la fidelidad de Dios. Él ha descrito a lo largo de los primeros versículos que Dios es inmensamente grande porque Él es fiel eternamente, es el Dios de pactos y juramentos.

Por lo menos en diez ocasiones hace referencia a la fidelidad de Dios y encontramos ocho menciones más al pacto y juramento eterno de Dios. Pero también el salmista nos deja ver que Dios castigará la infidelidad de David y en el versículo 32 dice: «con vara castigaré sus transgresiones…» y ante esta afirmación, seguramente el salmista sintió la fragilidad de Su fidelidad y vio la pequeñez de su esfuerzo por permanecer firme.

Los versículos 33 y 34 irrumpen en ese sentir de fragilidad y energizan el corazón del salmista al expresar que la misericordia de Dios no está condicionada a su desempeño sino al carácter de Dios.

En estos versos podemos aprender que, debido a que Él es fiel, tú puedes ser fiel. Tu fidelidad no descansa en la capacidad de ser fiel, sino en el carácter fiel de tu Señor.

Déjame recordarte tres verdades que obtenemos de estos dos versos:

1.Él es fiel porque nunca miente. («… ni falsearé mi verdad» Sal. 89:33b, RVR1960).

El castigo por el pecado de David nunca puso en riesgo la promesa a David porque lo que Él ha prometido, lo cumplirá. Eso nos permite ver que la inmutabilidad de las palabras de Dios y los juramentos nos libera de los grilletes del temor, angustias y culpa. Saber que tenemos un Dios que jamás miente consuela nuestra tristeza, nos alienta y estimula a mantener nuestra fe.

2.Él es fiel porque no depende de tu fidelidad (Sal. 89:34b «… Ni mudaré lo que ha salido de mis labios»).

El salmista debería recordar que la fidelidad de Dios no es retributiva y tú debes recordarlo también. El evangelio verdadero no es un evangelio de retribución sino de fidelidad unilateral. El evangelio de nuestro Dios no descansa en mi fidelidad porque no la tengo ni descansa en mi buen desempeño porque saldría condenado, descansa únicamente en Su carácter inmutable porque es allí donde tengo arraigada mi esperanza y es donde está mi seguridad. San Agustín dijo: «Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».

3.Porque Él es fiel, tú puedes ser fiel aferrándote en quién eternamente es fiel (Heb. 6:18).

Seguramente tendrás momentos de debilidad y oscuridad, en los que la fidelidad de Dios no parece tan clara. No intentes entender la razón de las aflicciones, no dejes que la culpa pecaminosa te asalte llevándote a momentos de desesperanza. Aférrate a la verdad de que Él es fiel.

Aferrarte a Él es creer que Él sabe lo que está haciendo aun cuando nos asalta el dolor, es creer que Él tiene el control y tener calma cuando las pruebas desgarran el alma. Confía en la fidelidad de tu Dios, siéntete seguro y satisfecho con ella. Deséala como se anhela la llegada del amanecer después de una larga, oscura y tenebrosa noche, y recuéstate en ella, esperando el cumplimiento.

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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