14 DE JUNIO
SALMO 110
«Así dijo el Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”» (SAL. 110:1).

El Salmo 110, el más citado en el Nuevo Testamento, se encuentra dentro de la quinta división del salterio (Sal. 107–150), también conocida como los «salmos de consumación». David es el autor, y su autoría la confirma Jesús en Mateo 22:41-46. Este es uno de los tres salmos davídicos con que abre esta sección de la Escritura. El salmo combina de forma interesante el reinado y el sacerdocio del Señor, mientras hace la distinción entre el Dios del pacto (Jehová) y el Señor de David (Adonai), quien está sentado a la diestra de Dios, ejerciendo autoridad.

David abre el salmo con la profecía que revela al Mesías. David lo llama Señor, por cuanto es mayor que él y es igual a Jehová en Su deidad, carácter y autoridad.

El Mesías está por encima de Sus enemigos, de reyes y naciones, por lo que el salmo termina con una nota de triunfo. En este singular Rey se unen de forma simultánea las funciones de rey y sacerdote según el orden de Melquisedec, sin principio ni fin de días (Gén. 14:18; Heb. 7:3). Contrario a los demás reyes, Su pueblo lo sirve de manera voluntaria y sin coerción. Sale victorioso de la escena en pos de Sus adversarios hasta ponerlos por estrado de Sus pies. Puesto que este salmo expresa la consumación del plan de Dios, está en la sección final del Libro de los Salmos.

El Rey que cita David es un descendiente suyo (2 Sam. 7:12,14,16) que es mayor que él: el Hijo de Dios. Él anticipa con gran expectativa el día en que Cristo será por siempre coronado Rey y Sacerdote de Su pueblo (Zac. 6:11-13). Este sacerdote, «habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» (Heb. 1:3). «Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec» (Heb. 5:9-10). Este Jesús hoy está levantando un templo santo a Dios, del cual los creyentes son piedras vivas (1 Ped. 2:5).

Jesús es nuestro amante Salvador, sumo Sacerdote y Rey, cuyo reino no tiene fin. Puesto que Su sacerdocio es imperecedero, también puede «salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Heb. 7:25). Acércate al trono de la gracia Dios y deposita allí tus cargas.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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