15 DE ABRIL
SALMO 89:52
«¡Bendito sea el Señor por siempre! Amén y amén» (SAL. 89:52).

Dios quiere que seas feliz porque Él lo es. La felicidad es más que una brisa fresca que hoy disfrutamos y mañana ya no. Es una promesa y realidad eterna en Dios.
Dios es feliz, y porque lo es, nosotros también podemos serlo en Él. Esta es una verdad central que debemos recordar para ofrecerle a Jesús una sincera y correcta adoración.

Este hermoso salmo resalta la fidelidad, el amor y la soberanía de Dios en el cumplimiento de Sus promesas en medio de tiempos oscuros, por eso no es de extrañar que el salmista termine el salmo alabando a Dios llamándole «Bendito»; porque la beatitud de Dios se refiere a la felicidad ilimitada que Él posee.

Dios es feliz, no solo porque se deleita en sí mismo como el mayor bien que existe, sino porque tiene todo lo necesario para lograr lo que eternamente desea.
Es por esto que el salmista lo alaba, porque sabe que Dios obrará fiel a Su pacto, no solo porque Su fidelidad es inmutable, sino porque todo lo que Dios hace, le causa gozo, placer y felicidad, eternamente.

Esta verdad debería constreñir nuestro corazón. Dios está afirmando que por cuanto Él es feliz consigo mismo y Sus obras, es feliz aplicando los tesoros de la salvación en Cristo sobre nosotros, cada día. A algunos creyentes les resulta difícil considerar que Dios es feliz haciéndonos felices a nosotros. Por experiencias pasadas, conciben en su carne a un Dios serio, exigente, difícil de complacer; pero lo que nos afirma este versículo es que Dios se goza en amar, proveer, cuidar, consolar y fortalecer a Sus hijos cada día. Él es feliz perdonando nuestros pecados, cuando en arrepentimiento se los confesamos. Esto es hermoso en verdad, porque el Dios de justicia, Juez, Legislador y Rey, es también Dios feliz, que encuentra placer en desbordar toda Su bondad en ti y en mí, a través de Sus obras de gracia en nuestras vidas, por medio de Cristo Jesús.

Pero esta verdad, cual veta de oro, nos da un tesoro más: buscar ser felices no es pecado, pero buscarlo fuera de Dios siempre lo será. Si Dios es Su misma fuente de felicidad, por cuanto no hay mayor bien que Él mismo; no podemos suponer fallidamente que nosotros podemos ser felices fuera de Él. Tu y yo fuimos creados para ser felices en Dios, para glorificarlo y gozarnos en Él. Esta es una verdad que cada día debemos dejar brillar en nuestros corazones, de tal manera que cada oscuro escondite de nuestro cuerpo de pecado sea iluminado por ella, para que nos veamos impulsados a obrar felizmente para Dios.

Es mi deseo que este privilegio que el Dios feliz te ha otorgado por gracia sea el motivo para que hoy, por su amor fiel por ti, puedas expresar desde tu corazón: «Bendito sea el Señor por siempre! Amén y amén».
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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