15 DE FEBRERO
SALMO 139:1
«Señor, tú me examinas, tú me conoces» (SAL. 139:1).

En este salmo el rey David expresa su maravilla ante la grandeza de Dios. Está perplejo ante Su poder y Su majestad, y el primer atributo que destaca es Su conocimiento pleno. Dios lo sabe todo. En un sentido completo y profundo, tú y yo aprendemos cada día, pero Dios nunca aprende porque ya lo sabe todo. Tanta grandeza debe producir en nosotros un espíritu de humildad, reconociendo nuestra ignorancia ante un Dios tan sabio. «El hombre prudente no muestra lo que sabe, pero el corazón de los necios proclama su necedad» (Prov. 12:23). Pobre de ti si crees que sabes mucho, porque en realidad ignoras lo mucho que ignoras.

Dios lo conoce todo, pero no solo con un conocimiento intelectual. El conocimiento de Dios supera nuestro entendimiento y nos lleva a maravillarnos de Su grandeza. El rey David escribió: «sabes cuándo me siento y cuándo me levanto» (Sal. 139:2) y «mis trajines y descansos los conoces» (v. 3). ¿Te maravilla el conocimiento de Dios? ¿Te das cuenta de que nadie te conoce como Él? Dios conoce cada una de tus acciones, tus gestos, tus decisiones, tus pensamientos, tus intenciones. Te conoce mejor que tú mismo. «No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda» (v. 4). Ante el saber de Dios, el salmista exclama: «Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo» (v. 6).

Qué maravilloso antídoto contra el orgullo humano. Al orgulloso le encanta compararse con los que saben menos que él para poder vanagloriarse a sus anchas. Pero el secreto de la humildad reside en compararse con Dios. Ante Su conocimiento tan solo podemos sentirnos muy pequeños. En medio de su dolor, Job quiere conocer el porqué de sus vicisitudes y Dios le responde preguntándole:
«¿Dónde estabas cuando puse las bases de la tierra? ¡Dímelo, si de veras sabes tanto! ¡Seguramente sabes quién estableció sus dimensiones y quién tendió sobre ella la cinta de medir! ¿Sobre qué están puestos sus cimientos, o quién puso su piedra angular?» (Job 38:4-6). Cuando Dios nos pregunta, tan solo podemos hacer como hizo Job, poniendo nuestra mano sobre nuestra boca para callar maravillados.

Para el incrédulo la sabiduría de Dios es incómoda. El pecador quiere esconderse ante la mirada de un Dios omnisciente. Pero nosotros somos Sus hijos, y el conocimiento de Dios para el creyente resulta ser un bálsamo que refresca nuestra alma. No es algo aterrador, sino maravilloso. Dios lo sabe todo, y en Su sabiduría encontramos gran consuelo. Con la confianza de un niño que se acerca a su padre nos acercamos a nuestro Dios convencidos de que Él nos entiende perfectamente, nos comprende perfectamente, nos escucha perfectamente. Acudimos a Su Palabra porque deseamos conocerlo más a Él, y porque al fin y al cabo escuchar Su voz es la única forma verdadera de conocernos a nosotros mismos. Acércate a Dios sabiendo que Él te ha examinado y conocido. Que puedas maravillarte y decir con el salmista: «Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo».
===================
SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
===================
|| www.drministries.org ||
===================