15 DE JUNIO
SALMO 71:5
«Tú, Soberano Señor, has sido mi esperanza; en ti he confiado desde mi juventud» (SAL. 71:5).

Cada anhelo de nuestro corazón, cada rayo de esperanza que brilla sobre nosotros, cada contacto que nos emociona, cada voz que susurra en la intimidad de nuestros corazones las bondades que Él tiene guardadas para nosotros si amamos a Dios, son la luz de Cristo iluminándonos, el contacto de Cristo levantándonos para una nueva vida, la voz de Cristo: «Al que a mí viene, no lo rechazo»; es «Cristo en nosotros, la esperanza de gloria», atrayéndonos a sí mismo nuestra esperanza, por medio de Su Espíritu que reside en nosotros.

Porque nuestra esperanza no es la gloria del cielo, ni gozo, paz o descanso de la labor, ni la plenitud de nuestros deseos, ni el dulce contento de toda el alma, ni la comprensión de todos los misterios y todo el conocimiento, ni un torrente de deleites; es «Cristo nuestro Dios», «la esperanza de gloria».

Nada de lo que Dios puede crear es lo que esperamos; nada de lo que Dios podría darnos aparte de sí mismo, ninguna gloria creada, ni bendición, hermosura, majestad o riquezas. Lo que esperamos es nuestro mismo Dios redentor, Su amor, Su bendición, el goce del mismo Señor, el cual nos ha amado para ser nuestro gozo y nuestra porción para siempre.

En ti he confiado desde mi juventud. Incluso el pagano Séneca pudo decir: «La juventud bien empleada es el mayor consuelo para la ancianidad». Cuando el procónsul mandó a Policarpo que negara a Cristo y jurara por el emperador, el mártir contestó: «¿He servido a Cristo estos ochenta y seis años y no tengo queja alguna contra Él, y ahora voy a negarle?».
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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