15 DE MAYO
SALMO 119:114
«Tú eres mi escondite y mi escudo; en tu palabra he puesto mi esperanza» (SAL. 119:114).

Los soldados que van a la guerra en muchas ocasiones cavan trincheras para esconderse del enemigo y sentir que están protegidos de su ataque. En ellas se refugian para evitar las balas que pueden quitarles la vida en un instante.

Es obvio que el salmista conoce los embates del enemigo. Como seguramente muchos de nosotros los hemos experimentado, son como balas que se acercan para destruirnos, pero al igual que el salmista, tenemos un refugio, una trinchera lista para nuestra protección. El salmista, en su angustia, se consuela al saber quién es su escondedero, su escudo. Su esperanza no está en algo que pueda construir como los soldados, él sabe quién es su castillo fuerte en medio de sus circunstancias. ¿Lo sabemos nosotros?

A veces, cuando los pensamientos sombríos nos afligen, debemos tener nuestra esperanza cimentada en nuestro Dios y en Su Palabra, la cual siempre se presenta llena de esperanza, de ese modo, los pensamientos cansados se superan. En medio de inquietud, preocupación, angustia y sufrimiento, el salmista tiene su esperanza en la Palabra de Dios. Él conoce las promesas que en ella encontramos.

Él sabe que la Palabra de Dios nos da aliento, esperanza y confianza. Él tiene su mirada puesta en el Creador y no en lo creado como fundamento de su esperanza.

Después de todo, él también escribió: «Él es mi Dios amoroso, mi amparo, mi más alto escondite, mi libertador, mi escudo, en quien me refugio. Él es quien pone los pueblos a mis pies» (Salmo 144:2).

La esperanza del salmista tiene su fundamento en lo correcto, en el Dios que es su amparo, su escondite, su escudo, su refugio, quien tiene el control de todo, incluido Su pueblo.

Si hacemos una conexión con el Nuevo Testamento, podemos encontrar una gran fuente de esperanza en las palabras escritas por Juan: «Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es» (1 Jn. 3:2).

El salmista dijo: «en tu palabra espero», nosotros nos unimos a sus palabras y fundamentamos nuestra esperanza en la Palabra de Dios, «seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es».

Refugiados en Él, y nuestra esperanza puesta en Su Palabra, que ha sido y será fiel y verdadera por toda la eternidad. Refugiados, protegidos y atendidos por Su gracia, Su poder, Su compasión, Su oportuno socorro, porque «queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios» y Él cuida de nosotros.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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