17 DE ENERO
SALMO 104:1-4
«¡Alaba, alma mía, al Señor! Señor mi Dios, tú eres grandioso; te has revestido de gloria y majestad» (SAL. 104:1).

El salmista se siente tan asombrado frente a la grandeza de la creación de Dios que solo puede prorrumpir en un torrente de expresiones que alaban a Dios.

La alabanza al Señor es una expresión del amor que sentimos por Él y, al mismo tiempo, expresa el agradecimiento que brota de nuestra alma por las bendiciones inmerecidas recibidas de Su parte y que son una demostración del carácter de Dios. El mundo que Dios creó es el habitáculo perfecto para el ser humano, es un regalo único que se nos ha entregado para disfrutarlo y cuidarlo como mayordomos fieles. La luz, el fuego, el aire que respiramos, el agua, las montañas y los valles, las flores y las frutas, etc.; todo lo creó de forma armoniosa, perfecta y hermosa para que podamos disfrutar de Su creación. Los seres humanos, asombrados ante la grandeza de la creación, debemos exclamar con palabras de alabanza y agradecimiento para el Señor: ¡Bendice, alma mía, a Jehová!

No hay palabras humanas suficientemente dignas para alabar a Dios. No hay suficiente tiempo, en todos los años de nuestra vida, para alabar a Jehová. No hay circunstancia en la que no se pueda alabar al Señor. Dicho con toda sencillez, alaba al Señor en cada momento, en la prueba, la alegría, la tristeza, en el triunfo y en la derrota. Cada estrella que brilla en la noche, cada ave que cruza el cielo, cada gota de lluvia que cae, todo a nuestro alrededor es un gran motivo para alabar a Dios.
Vengamos en oración delante de la presencia del Señor y alabemos Su nombre.

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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