17 DE JUNIO
SALMO 118
«No he de morir; he de vivir para proclamar las maravillas del Señor» (SAL. 118:17)

Escuché a un cantante cristiano decir: «La teología debe finalmente llevarnos a la doxología». Si la teología no te lleva a la doxología (alabanza a Dios), entonces no estás entendiendo la teología. Y esto parece cumplirse en este salmo, donde David estalla en júbilo al alabar al Señor. Él es bueno y Su misericordia perdura para siempre (v. 1). Y la reacción de David está basada en una relación continua con Dios, en una historia que le recuerda en todo momento las maravillas de Sus promesas.

Para David, tanto en júbilo como en angustia, ¡Su misericordia perdura para siempre! (v. 4). Él sabe que puede confiar en Dios para la victoria, porque conoce Su carácter. Sabe que tiene un Dios amoroso y de poder increíble. Un Dios que lo ha disciplinado con dureza (v. 18), pero que también lo ha salvado de la muerte.
Por eso, para David no hay duda alguna: Dios es su canto, su fortaleza y su salvación. Y en este cántico, él exclama: «he de vivir para proclamar las maravillas del Señor» (v. 17).

Pero este salmo tiene aún más joyas escondidas. Hiladas entre sus líneas hay profecías sobre el Mesías. Por ejemplo, el verso 26 dice: «Bendito el que viene en el nombre del Señor…», y se cumpliría en la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.
Él sería la salvación para nosotros, judíos y también gentiles. Y mientras estuvo entre nosotros proclamaría las verdades de Dios.

Por nuestro pecado, Él tomaría la dura disciplina de Dios, sería la piedra que los constructores rechazarían (v. 22), y soportaría por ello el menosprecio, el rechazo y la burla. Cristo recibió la maldición por nosotros, y de este modo fuimos rescatados (Gál. 3:13).

Él es la piedra preciosa (1 Ped. 2:7), el que inicia y perfecciona nuestra fe (Heb. 12:2) y es imposible que al conocerlo no estallemos como David en alabanza.
Tomemos, entonces, la oportunidad de leer y saber más de Él a través de Su Palabra, y dejemos que esa teología nos lleve con pasión a adorarlo. Como David, proclamemos Sus maravillas y llevemos el evangelio a quienes, si no llegan a conocerlo, tropezarán (1 Ped. 2:8) y se hundirán sin esperanza.

Este salmo inicia y termina con esta declaración: «Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre» (vv. 1, 29). Con corazones agradecidos, ¡alabemos jubilosos a Dios porque Sus obras son un testimonio de esta maravillosa verdad!

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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