18 DE MARZO
SALMO 6:3
«Mi alma también está muy turbada; y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?» (SAL. 6:3, RVR1960).

El alma está turbada; es el mismo centro de la turbación.
Los compañeros de yugo en el pecado son los compañeros de yugo en el dolor; el alma es castigada por dar los informes; el cuerpo, por la ejecución; tal como el que informa y el que ejecuta, la causa y el instrumento, el que azuza al pecado y el ejecutor del mismo son castigados.

Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? Esta sentencia termina abruptamente, porque las palabras fallan y la pena ahoga el poco consuelo que había asomado.

La exclamación favorita de Calvino era «Domine usuequo»: ¿Señor, hasta cuándo?» Y éste debería ser el clamor de los santos que esperan la gloria milenial. ¿Por qué los carros del Señor tardan tanto en venir?; Señor, ¿hasta cuándo?

En esto hay tres cosas que hemos de observar; primero, que hay un tiempo designado que Dios ha medido para las cruces de todos Sus hijos, antes de cuyo tiempo no serán librados, y que deben esperar con paciencia, no pensando en prescribir a Dios el tiempo para su liberación o limitar al Santo de Israel. Los israelitas permanecieron en Egipto hasta que completaron el número de cuatrocientos treinta años. José estuvo tres años y algo más en la cárcel, hasta que llegó el tiempo designado para su liberación. Los judíos permanecieron setenta años en Babilonia. Dios conoce el tiempo conveniente para nuestra humillación y nuestra exaltación.

Luego, vemos la impaciencia de nuestra naturaleza en nuestras desgracias; nuestra carne todavía se rebela contra el Espíritu, que con frecuencia se olvida de sí misma hasta el punto de entrar en argumentaciones y altercados con Él, como leemos de Job, Jonás, etc., y aquí también de David.

En tercer lugar, aunque el Señor demora su venida para aliviar a Sus santos, con todo, tiene Su causa si queremos considerarla; porque cuando estábamos en el calor de nuestros pecados, muchas veces Él clamaba por la boca de Sus profetas y siervos: «Oh insensatos, ¿hasta cuándo seguiréis en vuestra locura?». Y nosotros no queríamos escuchar; y, por tanto, cuando estamos en el calor de nuestros dolores, pensando que cada día es un año hasta que somos librados, no es de extrañar si Dios no nos escucha; consideremos la forma justa en que Dios nos trata; que cuando Él nos llamaba, nosotros no queríamos escuchar, y ahora nosotros clamamos y Él no nos escucha.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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