19 DE ENERO
SALMO 40
«Dichoso el que pone su confianza en el Señor…» (SAL. 40:4).

Cuando yo estaba en la universidad, mi familia vivía en la región norte del país de Chile. En unas vacaciones de verano de la universidad, tocó la casualidad de que llegué a casa de mis padres el mismo día que habían sufrido un terremoto de 8.1 grados en la escala Richter. Experimentar las réplicas que duraron por muchos días fue una de las experiencias más desconcertantes que he tenido en toda mi vida.

Simplemente no hay nada como el sentir no poder pisar tierra firme. El efecto mental, espiritual y físico de no poder bajar la guardia fue tremendo. Siempre había que estar alerta por si fuera necesario salir corriendo de la casa.

Los tiempos de dificultad y angustia nos provocan muchas veces este mismo sentir. Hay un estrés sobre la mente, el corazón, y el cuerpo cuando sentimos que «la tierra» debajo de nuestros pies se mueve. Anhelamos la estabilidad que nos permite respirar profundo y descansar. Buscamos alivio de la presión constante de lo desconocido. Nos sobrecoge la impaciencia, deseando ver una solución inmediata.

El salmista vivió experiencias muy parecidas a las nuestras. Sentía que estaba en la fosa de la muerte, desesperado, atrapado en el lodo de un pantano denso. Reconocía su condición pobre y necesitada, indigno de que Dios lo tomara en cuenta.
Su propio pecado lo agobiaba, junto con el pecado de otros hacia él. Para David, no parecía que hubiera tierra firme donde colocar sus pies y sentir un descanso de la presión y angustia.

No podemos negar la realidad de los males que nos rodean. De hecho, no es recomendable ni sano intentar vivir como si la inestabilidad y desesperanza no fueran reales. David nos deja un ejemplo de un hijo de Dios que acepta la verdadera condición del mundo que lo rodea y de su propia vida, pero que sabe qué hacer con su desesperación. Conoce la fuente del rescate del lodo.

«Puse en el Señor toda mi esperanza…» (Sal. 40:1).

«Pacientemente esperé a Jehová» (Sal. 40:1, RVR60).

Esperanza. ¡Qué palabra tan hermosa y complicada! Es hermosa cuando el objeto de tu esperanza es confiable, pero lleva un sentido incierto cuando no es así.

La clave de la esperanza de David está en su objeto. Puso toda su esperanza en el Señor. El resultado fue que él logró la estabilidad que buscaba. «… Puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme» (v. 2). David mismo no lo logró por sus propios esfuerzos. Dios ya había provisto todo lo que David necesitaba en medio de la incertidumbre. David tenía que apropiarse de la provisión de Dios.

En medio de tiempos inciertos, enfermedad, amenaza de necesidad económica extrema, luchas con la tentación, inestabilidad emocional y duda espiritual, hay una sola fuente de esperanza verdadera que no está sujeta a ningún elemento terrenal. Cuando ponemos nuestra esperanza en Jehová, aunque nada cambie en nuestra situación actual, todo cambia en nuestra situación espiritual. Junto con el salmista, podremos cantar un himno nuevo, proclamar las buenas nuevas, abandonar nuestros ídolos, declarar el amor del Señor en la asamblea, experimentar victoria sobre el pecado, y exclamar: «¡Cuán grande es el Señor!».

===================
SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
===================
|| www.drministries.org ||
===================