20 DE MAYO
SALMO 119:130
«La exposición de tus palabras nos da luz, y da entendimiento al sencillo» (SAL. 119:130).

¿Cuántas veces anhelamos la exposición de las palabras de Dios? En estos tiempos donde existe una predicación liviana, la cual muchos han abrazado, ­podemos llegar a la conclusión de que existe también una ausencia de luz. Es la ­Palabra de Dios la que es capaz de iluminar los rincones más profundos de nuestras mentes y corazones para ser transformados. Desgraciadamente, los hombres buscan atajos para tener una relación con Dios, pero la Palabra debe ser expuesta correctamente para que tenga un efecto iluminador y transformador. Nos es fácil escuchar el eco de las palabras del salmista, como si estuviera diciendo: «¡Oh, que tus palabras, como los rayos del sol, entren por la ventana de mi entendimiento y disipen la ­oscuridad de mi mente!». Que nosotros también ­podamos unirnos a esas palabras y atesoremos la exposición fiel y verdadera de la Palabra, aunque sea como la espada que penetre a lo más profundo de nuestro ser para causar el efecto purificador que solamente ella puede tener.

«Da entendimiento a los sencillos». ¿Quiénes son los sencillos a quienes el salmista se refiere? Sencillamente son los verdaderos discípulos de la Palabra. A quienes no solamente da conocimiento, sino comprensión, son aquellos que el mundo considera que carecen de intelecto, los que tildan de «fanáticos». Sin embargo, son aquellos que se someten a la transformación de vida por medio de la Palabra, que produce en ellos una sabiduría que viene de lo alto, ya que el Espíritu de Dios mora en ellos.

En el Sermón del Monte, Jesús dijo: «Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece […]. Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia» (Mat. 5:3, 5). Creo que esos son los que el salmista tiene en mente, aquellos que son lo suficientemente humildes para venir rendidos ante la Palabra de Dios, para que ella tenga el efecto para el cual fue inspirada.

No podemos perder de vista que la Palabra imparte luz; esa luz que necesitamos, que nos guía porque es lámpara a nuestros pies, es la luz que se manifiesta en el logos que es Cristo, quien dijo: «Yo soy la luz del mundo». Él es la luz que vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz.

El mundo necesita arrepentirse de sus pecados para que pueda disfrutar de la luz que encontramos en Cristo y en Su Palabra; yo, como Su hijo, también necesito esa exposición fiel de la Palabra; tú, hermano o hermana, también la necesitas.

Señor, ayúdanos a entender esa realidad y vivir cada día atesorando momentos de encontrarnos contigo en tu Palabra para la transformación de nuestras vidas y la gloria de tu nombre. Tu dijiste: «Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad» (Juan 17:17).
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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