24 DE ABRIL
SALMO 119:77
«Vengan a mí tus misericordias, para que viva, porque tu ley es mi delicia» (SAL. 119:77, RVR1960).

A lo largo de nuestra vida aprendemos que hay tiempos en que todo marcha bien, luego por alguna razón, nos vemos inmersos en períodos de prueba, que se vuelven prolongados, pesados, insoportables. Podríamos ver esto como una catástrofe sin salida, o bien como parte de un proceso divino para nuestra enseñanza.

El salmista muestra que Dios permite situaciones que pueden resultar difíciles de sobrellevar, pero estas forman parte de un plan eterno, útil para que Sus hijos sean enteramente capaces y preparados para toda buena obra. El salmista lo comprende, y entonces dice al Señor: «Vengan a mí tus misericordias», entendiendo que también son parte de la provisión de Dios para nosotros. Así es. Si bien es cierto que los juicios de Dios son una actividad de formación que Él así ha determinado, también Sus misericordias son un recurso para consolarnos en medio de la prueba.

«Vengan a mí» es un llamado a esta provisión para el ser humano. Otra versión dice «rodéame» (NTV); esto es precisamente lo que hace Dios con nosotros. Así como Él permite la prueba o el trato para nuestra vida, también Él nos rodea con Su misericordia. Esta palabra significa compasión, como quien acaricia a un pequeño bebé. Así cuida Dios de nosotros. Entonces la misericordia viene a ser un abrazo cercano de un Dios amoroso que nos cuida de manera tierna en medio de las circunstancias adversas, aun cuando estas han sido permitidas por Su soberanía, en afán de corregir nuestros pasos y llevarnos a una vida más completa y cercana a Él.

¿Y por qué el llamado a Sus misericordias? El salmista lo expresa así: «Para que viva». Esta palabra quiere decir revivir, resucitar. Efectivamente, las misericordias de Dios levantan el corazón caído aún del más profundo desánimo y tristeza. Su misericordia revive nuestra vida para poder continuar.

¿Y cuál es el motor que da vida a estas convicciones? La ley de Dios, que aquí significa enseñar o gobernar. Su ley es Su Palabra confiable que nos da dirección, nos gobierna. No nos es ajena u oculta. De hecho, Su revelación es lo que nos permite tener la certeza de Su provisión de misericordia en medio de las pruebas. Así, la función de la ley es enseñarnos que podemos confiar en lo que Dios ha dicho para nuestro bien, y Su misericordia nos acompañará toda nuestra jornada para revivirnos, para levantarnos cuando estemos decaídos o completamente postrados.

El salmista culmina este sentir hacia la ley de Dios y declara: «Es mi delicia». Significa que Su ley es algo delicioso, codiciable, estimado. Entonces, esperar en las misericordias de Dios, descansando en lo que Él nos enseña y nos revela por Su palabra, finalmente causará en nosotros un gozo y un deleite inexplicables.

Así que, piensa, durante la prueba, que las misericordias de Dios abrazan tu vida y te reaniman, mientras puedes deleitarte en Su Palabra que te enseñará que finalmente, y en medio de cualquier circunstancia, Dios está cuidando de ti.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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