24 DE JUNIO
SALMO 77
«A Dios elevo mi voz suplicante; a Dios elevo mi voz para que me escuche» (SAL. 77:1).

Asaf era un músico y poeta que cantaba con frecuencia en tono menor; era reflexivo, contemplativo, creyente, pero, pese a todo, había un punto de tristeza en su persona, y esto impartía un sabor especial a sus cánticos.

Este salmo contiene muchas ideas tristes, pero podemos estar seguros de que todo termina bien, porque empieza con oración; y la oración nunca llega a un mal término. Asaf no acudía a los hombres, sino a Dios, e iba a Él, no con palabras altisonantes, estudiadas, refinadas, sino con expresiones de dolor naturales, no fingidas. Usaba su voz también, porque, aunque el pronunciar en voz alta las palabras no es necesario en la vida de oración, a veces nos vemos forzados a ello por la energía de nuestros deseos. Algunas veces el alma se siente impelida a usar la voz porque así halla una salida más libre a su agonía. Es un consuelo escuchar el timbre de alarma cuando la casa es invadida por los ladrones.

Los días de la tribulación han de ser días de oración; en los días de tribulación interna, especialmente cuando parece que Dios se ha apartado de nosotros, hemos de buscarlo hasta que lo encontremos. En el día de la tribulación no buscó las diversiones para sacudirse la tribulación de esta manera, sino que buscó a Dios, Su favor y Su gracia. Los que pasan aflicciones no deben esperar aliviarlas con la bebida ni la risa, sino con la oración.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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