25 DE MARZO
SALMO 18:1-9
«El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!» (SAL. 18:2).

Cuando sufrimos tormentas y desastres naturales de grandes magnitudes, necesitamos encontrar un refugio capaz de resistir los embates de la tormenta y preservarnos la vida. Pero en ocasiones nos azotan tormentas que no son de orden natural, sino espirituales, anímicas y personales. Ese tipo de tormenta a veces causa más daño que la física porque daña nuestro espíritu, afecta nuestra moral y nos deprime, nos desorienta y nos deja en un estado moral y espiritual que nos hace perder la perspectiva de nuestra existencia.

Al igual que necesitamos un refugio seguro donde pasar las tormentas físicas, también necesitamos un refugio donde guarecernos de las tormentas espirituales.

Dios es el único refugio para las tormentas personales. El salmista así lo reconoce y le aplica una serie de nombres que muestran lo que Dios significa para él: roca, castillo, libertador, fortaleza, escudo y fuerza de su salvación. ¡Qué hermoso! En estas palabras David expone lo que significa Jehová para él.

Cada creyente debe apoderarse de esos conceptos para aplicarlos a las experiencias de su vida diaria y cada vez que el dolor nos golpee, la tormenta nos sacuda y nos veamos angustiados, podamos encontrar la paz y el sosiego en los brazos seguros del mejor refugio. La verdadera paz, la que proviene de la seguridad del poder de quien nos guarda, solo se percibe cuando el Señor es nuestro refugio.

Si nos refugiamos en Jesucristo, podremos estar seguros de estar rodeados de las poderosas manos de Dios.

Busquemos el rostro de Dios, pongamos nuestra vida en Sus manos y permitamos que Su paz inunde nuestra vida.

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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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