26 DE MAYO
SALMO 59:1-3
«Líbrame de mis enemigos, oh Dios; protégeme de los que me atacan» (SAL. 59:1).

A quien Dios guarda, Satanás no puede destruirlo. El Señor puede incluso preservar las vidas de Sus profetas por medio de cuervos, que suelen, por su naturaleza, arrancar los ojos de otros. David siempre halló un amigo para ayudarle cuando su situación era en extremo peligrosa, y este amigo se hallaba en la misma casa de su enemigo; en este caso se trataba de Mical, la hija de Saúl, como en otras ocasiones había sido Jonatán, el hijo de Saúl. «Mictam de David». Este es el quinto de los «secretos áureos» de David. El pueblo escogido de Dios tiene muchos de ellos.

Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío. Estaba a punto de ser capturado, vivo o muerto, sano o enfermo, y llevado a la matanza. La incredulidad habría sugerido que la oración era palabras vanas, pero no pensó así el hombre bueno, porque hace de ella su único recurso. Nótese que pone el título «Dios mío» frente a las palabras «mis enemigos». Este es el método debido de capturar y apagar los dardos ardientes del enemigo en el escudo de la fe.

Saúl tenía más motivos que David para temer, porque el arma invencible de la oración era usada contra él, y el cielo era despertado para presentarle batalla. En tanto que el enemigo está en acecho, nosotros esperamos en oración, porque Dios espera ser misericordioso con nosotros y terrible para con nuestros enemigos.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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