30 DE JUNIO
SALMO 3
«¡Levántate, Señor! ¡Ponme a salvo, Dios mío! ¡Rómpeles la quijada a mis enemigos! ¡Rómpeles los dientes a los malvados!» (SAL. 3:7).

Una de las imágenes más prominentes que la Biblia nos enseña sobre Dios es la de un guerrero victorioso. En palabras de Moisés: «El Señor es un guerrero; su nombre es el Señor» (Ex. 15:3) o como escribe David en el Salmo 3: «¡Levántate, Señor! ¡Ponme a salvo, Dios mío! ¡Rómpeles la quijada a mis enemigos! ¡Rómpeles los dientes a los malvados!» (v. 7). Esta imagen o metáfora en la que se compara a Dios con un hombre de batalla nos deja en claro que es el Señor el que pelea por Su pueblo, dándole una segura victoria.

En el Salmo 3, el rey David se encontraba en una situación muy complicada debido a la conspiración que había elaborado su hijo Absalón. Ante esta sublevación, David tuvo que huir de la ciudad, quedando Jerusalén al mando de su hijo Absalón (comp. 2 Sam. 15). Fue entonces que, durante este periodo de crisis personal y nacional, David elevó esta oración a Dios, que eventualmente se convirtió en una plegaria de confianza en el Señor que Israel utilizó en el contexto de sus batallas en contra de otros pueblos.

¿Qué nos enseña este salmo sobre nuestro poderoso Dios? Una de las cosas que nos muestra es que el único que puede librarnos de nuestros adversarios es el Señor. Sin importar nuestros recursos, la victoria siempre dependerá de Dios.

El rey David entendía muy bien esta verdad. De manera que, al verse rodeado de enemigos físicos que amenazaban su reino, él decide buscar la ayuda del único en quien puede realmente confiar. Sus palabras fueron estas: «Muchos son, Señor, mis enemigos; muchos son los que se me oponen, y muchos los que de mí aseguran: “Dios no lo salvará” […]. Clamo al Señor a voz en cuello […]. ¡Levántate, Señor! ¡Ponme a salvo, Dios mío! ¡Rómpeles la quijada a mis enemigos! ¡Rómpeles los dientes a los malvados! Tuya es, Señor, la salvación» (vv. 1-2, 4a, 7-8a).

Como podemos observar, el salmista deja en claro que solo el valiente guerrero, es decir, Aquel quien era «escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza» (v. 3), podía intervenir a su favor y librarlo de la circunstancia en la que se encontraba. Y efectivamente, Dios sacó a David victorioso de lo que su hijo Absalón había hecho, y pronto regresó a reinar sobre el pueblo de Israel desde Jerusalén.

Todas estas intervenciones temporales que el pueblo experimentó por parte de Dios eran recordatorios de que la liberación espiritual de la que muchos de ellos gozaban por medio de la fe, se debía únicamente al poder y gracia de Dios. También, eran sombras de la futura intervención que el Señor mismo haría, en la que descendería al mundo y derrotaría a los enemigos de Su pueblo en un madero.

Como bien escribió Pablo: «Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz. Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal» (Col. 1:14b-15).

Qué maravilloso es saber que el guerrero divino ha intervenido para librarnos de nuestros enemigos espirituales, a quienes jamás podríamos vencer por nosotros mismos. Por esta razón, gocémonos, vivamos en gratitud, confianza y sumisión a Dios por medio de Su Hijo Jesucristo.
===================
SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
===================
|| www.drministries.org ||
===================