31 DE MARZO
SALMO 119:35
«Hazme andar por la senda de tus mandamientos, porque en ella me deleito» (SAL. 119:35, LBLA).

Este versículo inicia con la expresión «hazme andar», lo cual me hace pensar en el proceso que atraviesan los niños al aprender a caminar. Ellos no se despertaron un día, se pusieron en pie e iniciaron un viaje de la cuna a la sala; ellos necesitaron la ayuda de sus padres para poder hacerlo. Asimismo, en este camino, no soy yo el que toma la iniciativa de andar, ya que por mí mismo no sería posible. Hay alguien que hace que esto ocurra. Es esto a lo que se refiere el salmista cuando pide que Dios lo haga andar, que lo guíe, que lo haga marchar hacia algo. Por supuesto, esto nos hace totalmente dependientes de ese alguien, y sin Él no sería posible andar.

El versículo 33 nos muestra a quién va dirigida esta humilde oración: «Enséñame, Señor…». Al saber a quién se dirige el salmo, podemos reconocer, en primera instancia, que necesitamos imprescindiblemente de ese alguien, Dios, para poder caminar. En segunda instancia, los mandatos del Señor se convierten en el sendero, es como si cada una de Sus instrucciones se convirtieran en las piedras y el cemento que construyen el camino por el que transita aquel que goza de una relación con Dios. El énfasis del salmista está en que los mandatos del Señor le permiten al creyente andar por el camino que Dios quiere que él transite.

Al final del versículo se indica por qué el salmista hace esta petición: «Porque en ella me deleito». El salmista está satisfecho, feliz; para él es placentero andar en la senda. ¿Cómo puede ser un deleite caminar en los preceptos de Dios? Es posible cuando en medio de la angustia dejamos actuar a Dios en nuestra vida, dependiendo de Él para hacer lo que solo Dios puede hacer y guiarnos a donde solo Él nos puede guiar.

Una vez que aprenden a caminar, los niños siguen su camino sin la ayuda de sus padres. Nosotros, sin embargo, necesitamos diariamente que Dios nos enseñe a andar en el camino. En Filipenses 2:13, Pablo expresa que «Dios es quien produce en [nosotros] tanto el querer como el hacer», por lo tanto, dependemos totalmente de Su obra en nosotros. Por otra parte, Dios nos ha presentado un camino más excelente: la Palabra escrita nos conduce a la Palabra encarnada, Cristo mismo. Jesús es «el camino, la verdad y la vida», y es en Él en donde encontramos nuestro deleite. Necesitamos estar complacidos en quién es Él y en Su grandeza.

Necesitamos depender de la ayuda del Espíritu Santo que nos introduce, nos guía y mantiene en el camino.

Al final del día no se trata de lo que yo pueda hacer, sino de lo que Él hizo, hace y puede hacer.
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SALMOS
DEVOCION MATUTINA VESPERTINA
Narrado por: Joyce Vejar
Desde: Arizona, USA
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